Salud (del latín Salus).

Salud es sentir satisfacción, bienestar, quietud mental, armonía, emociones, etc…

El cuerpo humano es un organismo que vive en sí mismo como una unidad. La mente entra a tomar parte también de dicha unidad. Nunca sabremos donde termina el cuerpo y comienza la mente, de la misma manera que no sabemos cuándo exactamente termina el día y comienza la noche, o viceversa. Cualquier trastorno o dolor físico se convierte en un problema para nuestra mente, lo mismo que cualquier crisis mental transforma el cuerpo. Ante estos problemas se “encoje también el alma”, o ¿acaso cuando nos sentimos mal no se llega a sentir el dolor incluso en el alma? Y si tenemos el alma herida el cuerpo también se encoje, se altera, pierde movilidad…Y cuando esto ocurre la respiración (que es la que nos mantiene vivos y conscientes) se vuelve más agitada y superficial.

Cuando estamos sanos vivimos el cuerpo más ligero, en cambio, en la enfermedad lo vivimos más pesado. Los órganos del cuerpo forman una comunidad, es decir, a diferencia de los seres humanos, los órganos del cuerpo humano colaboran (co-laborar; laborar, trabajar en común) por el bien general, por la salud del organismo cuerpo-mente. En la salud los órganos del cuerpo viven en armonía su interdependencia, y casi no los sentimos.

En la enfermedad los órganos “se hacen sentir” y aparecen sensaciones internas desagradables a las que hemos dado el nombre de síntomas de enfermedad. Sentimos los órganos que normalmente no sentimos. Un síntoma es lo que sentimos. Es sentir algo en un lugar que normalmente no sentimos. Con frecuencia los síntomas del cuerpo nos indican que no le estamos haciendo mucho caso, que sus órganos han perdido el equilibrio. Quizás hemos gastado excesiva energía en la actividad exterior o en darle muchas vueltas a la cabeza en ese dialogo interior interminable con nosotros mismos, especialmente cuando las cosas no van como nosotros quisiéramos.

Hoy en día cada vez gastamos menos energía por la actividad física y perdemos cada vez más por la actividad mental, con nuestras preocupaciones, inseguridades y miedos. El miedo al futuro nos hace perder cada vez más energía al mismo tiempo que esa energía se cristaliza en ganancias para las compañías de seguros, que nos “venden” las sensación de seguridad. La única seguridad que no depende de los demás es la confianza en uno mismo, y es la que nos falta ante una época de cambios rápidos. Y esos miedos los manifiesta el cuerpo.

Mientras en el ser humano no haya una mayor integración entre lo que piensa (movimiento mental) y lo que hace (movimiento corporal) podremos decir que no hay curación. Mientras en nuestra vida sea la regla general pensar algo y hacer lo contrario de lo que pensamos o no hacer nada, estamos creando el desequilibrio al que llamamos enfermedad. Reprimimos o evitamos realizar nuestros pensamientos guiados por el modelo social en el que vivimos (el qué dirán) o los hábitos adquiridos desde la niñez (cuando dejamos de hacer lo que pensábamos porque ello traía consigo la posibilidad de castigo, la falta de amor y el miedo al abandono). El niño deja de ser él mismo para “conseguir” que le “quieran” o le protejan, y por ello se “resiente” tanto el alma como el cuerpo-mente.

La mente nos posibilita pensar, el cuerpo nos permite hacer. Entre la mente y el cuerpo se encuentra el sentir, el corazón. Si lo que yo pienso, este alineado con lo que yo siento y con lo que yo hago, me estoy curando, o me mantengo sano. En caso contrario si pienso una cosa, siento otra y hago otra que no tiene que ver con lo pensado o lo sentido, me estoy enfermando, o agravando la enfermedad ya existente”.

Otra forma de manifestar lo que yo pienso o siento además de lo que hago, es lo que yo hablo, o en términos generales lo que yo expreso (comunicación verbal y comunicación corporal). Si lo que yo pienso, siento y hago están en discordancia entre sí y además también en discordancia con lo que hablo de palabra o habla mi cuerpo, la posibilidad que aparezca un trastorno físico-psíquico es aún mayor. En resumen me curo cuando alineo el yo-pienso, yo-siento, yo hago y yo hablo. De otra manera dejo de ser yo y enfermo.

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